Las rabietas son situaciones habituales y cotidianas con las que todos los padres y madres tenemos que lidiar. La mejor manera de hacerlo es evitarlas en primer lugar, siempre que sea posible. A continuación se presentan algunas estrategias que podrían ayudar:

  • Asegúrese de que su hijo no esté portándose mal simplemente porque no tiene suficiente atención. Aunque esto es difícil de imaginar, para un niño, la atención negativa (la respuesta de un padre a una rabieta) es mejor que no tener ninguna atención. Muchos estudios muestran que cualquier tipo de atención, incluyendo la atención negativa, causa un ¡aumento de esa conducta! Intente establecer el hábito de “atrapar” a su hijo portándose bien, lo que significa recompensar a su pequeño con atención por el comportamiento positivo. Incluso hacer un comentario sobre lo que están haciendo los niños pequeños (cuando no esté teniendo una rabieta) puede ayudar a aumentar los comportamientos positivos.
  • Intente que los niños pequeños tengan algo de control sobre cosas pequeñas. Esto puede satisfacer la necesidad de independencia y evitar las rabietas. Permíteles hacer elecciones menores tales como “¿quieres zumo de naranja o de manzana?” o “¿quieres lavarte los dientes antes o después de bañarte?”. De esta forma, usted no está preguntando “¿quieres lavarte los dientes ahora?”, lo que inevitablemente será respondido con un “no”.
  • Mantenga los objetos prohibidos fuera de la vista y del alcance de tu hijo, para que sea menos probable que se desarrolle una lucha por ellos. Obviamente, esto no siempre es posible, especialmente fuera de su casa, donde el entorno no se puede controlar. 
  • Distrae a tu hijo. Aprovecha el corto periodo de atención de tu pequeño, ofreciéndole un reemplazo del objeto deseado o comenzando una nueva actividad para sustituir la actividad frustrada o prohibida. O simplemente cambia de entorno. Lleva a tu niño pequeño afuera o adentro, o muévete a una habitación diferente.
  • Crea las condiciones para el éxito cuando tus hijos estén jugando o intentando dominar una nueva tarea. Ofréceles juguetes y juegos adecuados para su edad. Además, comienza con algo simple antes de avanzar a tareas más desafiantes.
  • Considera la solicitud cuidadosamente al pedir algo a tu hijo. ¿Es desmedida? Tal vez no lo sea. Elija sus batallas; adáptate cuando puedas.
  • Conoce los límites de tu hijo. Si sabes que tu niño está cansado, no es el mejor momento para ir al supermercado o intentar hacer un pedido más.

TÁCTICAS PARA CONTROLAR LAS RABIETAS

 

Lo más importante que se debe tener en cuenta al enfrentarse con un niño al borde de una rabieta, sin importar la causa, es simple y fundamental: mantén la calma. No compliques el problema con tu propia
frustración. Los niños pueden sentir cuando sus padres se sienten frustrados. Esto puede empeorar su propia frustración, y tu podrías tener una rabieta cada vez peor en tus manos. En lugar de eso, respira profundo varias veces e intenta pensar con claridad.
 
Primero, intenta comprender qué está sucediendo. Las rabietas se deben manejar de formas distintas dependiendo de la causa. Intenta comprender qué le pasa a tu hijo. Por ejemplo, si tu pequeño acaba de sufrir una gran desilusión, tal vez sea necesario consolarlo.
 
Es una situación diferente cuando la rabieta se produce después de que se le ha negado algo a un niño. Los niños pequeños tienen habilidades de razonamiento bastante simples, así que es poco probable que progreses mediante explicaciones. Ignorar el arranque es una forma de manejarlosiempre que la rabieta no represente una amenaza para el niño u otras personas. Continúa con tus actividades sin prestar ninguna atención a tu hijo, pero manteniéndolo a la vista. No dejes a tu pequeño solo.
 
Debes trasladar a los niños que están en peligro de hacerse daño o de hacer daño a otros durante una rabieta a un lugar silencioso y seguro para que se calmen. Esto también es aplicable a rabietas en lugares públicos.
 
Es más probable que los niños en edad preescolar y mayores utilicen las rabietas para obtener lo que desean si han aprendido que este comportamiento funciona. Cuando los niños han comenzado a ir a la escuela, es adecuado utilizar tiempo fuera para que se calmen. Si el lugar elegido es su habitación, asegúrate de que el niño no lo recibe como un castigo, sino como un lugar privado e íntimo donde tranquilizarse.
 
En lugar de establecer un límite de tiempo específico, dile a tu hijo que permanezca en su cuarto hasta que recupere el control.
 

DESPUÉS DE LA TORMENTA

 

No recompenses la rabieta de tu hijo. Esto solamente le probará a tu pequeño que la rabieta ha funcionado. En lugar de eso, elógiale verbalmente por recuperar el control.
 
Además, los niños pueden sentirse especialmente vulnerables después de una rabieta. Ahora (cuando tu hijo esté calmado) es el momento de darle un abrazo y reafirmarle que siempre lo querrá.
 
Asegúrate de que tu hijo esté durmiendo lo suficiente. El sueño es muy importante para el bienestar de un niño y puede reducir las rabietas drásticamente. La relación entre la falta de sueño y el comportamiento de un niño no es siempre obvia. Cuando los adultos están cansados, pueden estar malhumorados o tener poca energía, pero los niños se pueden tornar hiperactivos, irritables y tener conductas extremas.
 
Recuerda, las rabietas generalmente no son una causa de preocupación y, por lo general, cesan por sí solas. Conforme los niños maduran en su desarrollo y aumentan el control sobre sí mismos y sobre el
mundo, sus niveles de frustración disminuyen. Menos frustración y más control equivale a menos rabietas… y padres más felices. (Jane Nelsen)
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