¿Cómo hablar a un niño para que te escuche?

Es muy frecuente que los padres nos digan: “mi hijo no me escucha, no me hace caso, le tengo que decir las cosas mil veces, estoy harta porque siempre tengo que ir repitiendo las cosas…”. Cuando empezamos a analizar la comunicación que hay entre padres e hijos, nos podemos dar cuenta que falta trabajar algunos aspectos de la comunicación que facilitarían que el niño o la niña escuchara con atención lo que el adulto le está diciendo.

Por ello, y con el fin de dar respuesta a algunas de las dudas que nos hacéis llegar desde el foro, por e-mail, la página web o Facebook, nuestra coach familiar, Mónica Vázquez, comparte con vosotros este pequeño escrito en el cual nos dará algunas sugerencias. Veamos que nos dice: 

¿Cómo hablarle?

Tan importante como tener claros nuestros objetivos educativos, normas y valores que queremos transmitir a nuestros hijos, es saber dirigirnos a ellos de manera efectiva. Para ello, la conversación debe ser bidireccional y es imprescindible buscar herramientas que nos verifiquen que nuestros hijos nos escuchan. A continuación os algunas indicaciones que pueden facilitar esa escucha:

  • Ten en cuenta la altura: para conversar, debemos estar en una altura de igual a igual: baja a la altura del niño y establece contacto visual con él para obtener su atención.
  • Sé breve: los niños tienen una atención limitada, por lo tanto, de nuestros discursos, sólo conseguiremos que escuchen el inicio y, con suerte, el final. Centremos en una frase sencilla lo que queramos decir.
  • Sé simple: utiliza frases cortas y claras, con palabras sencillas que el niño pueda entender con facilidad.
  • Valida que te ha escuchado: cuántas veces decimos: ¿me has escuchado? ¿me has entendido? Respuesta: SÍ. No obstante, después no hace nada de lo que le hemos dicho. Verifica bien que ha estado pendiente de tu mensaje, pídele que repita lo que le has dicho y, así, asegurarás que te ha escuchado y entendido.
  • Habla en positivo: es mejor decir “camina despacio” que “no corras”. Pide lo que quieres que haga, no lo que no quieres que haga.
  • No des gritos desde la cocina, si quieres que vaya a cenar, acércate y pídele que apague la televisión e iros juntos a la mesa.
  • Dirígete a él de acuerdo a su edad de desarrollo: un niño de 3 años, no puede responder a ¿por qué has hecho esto?
  • Baja el tono de voz: cuanto más grite él, ¡más bajo habla tú! Si nos ponemos a su nivel, nos enfadaremos los dos y no resolveremos la situación.
  • No eternices las discusiones: si realmente no vas a cambiar de decisión, házselo saber y no le des más vueltas; mientras converséis, el niño intentará dar argumentos para cambiar tu opinión.

Con estos sencillos trucos, podréis ver que hay una mejora significativa de la comunicación con los niños.

 

PADRE E HIJA 

 

Para finalizar, podréis leer una metáfora muy significativa: 

Una hija se quejaba con su padre acerca de su vida y de cómo las cosas le resultaban tan difíciles. No sabía cómo hacer para seguir adelante y creía que se daría por vencida. Estaba cansada de luchar. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro.

 

 Su padre, un chef de cocina, la llevó a su lugar de trabajo. Allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre el fuego. En una colocó zanahorias, en otra colocó huevos y en la última colocó granos de café. 

Las dejó hervir. Sin decir palabra.

 

La hija esperó impacientemente, preguntándose qué estaría haciendo su padre. A los veinte minutos el padre apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó en un tazón. Sacó los huevos y los colocó en otro plato. Finalmente, coló el café y lo puso en un tercer recipiente.

 

Mirando a su hija le dijo: “Querida, ¿Qué ves?”; “Zanahorias, huevos y café” fue su respuesta. La hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias, ella lo hizo y notó que estaban blandas. Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Después de sacarle la cáscara, observó el huevo duro y le pidió que probara el café. Ella sonrió mientras disfrutaba de su rico aroma.

 

Humildemente la hija preguntó: – “¿Qué significa esto, padre?” Él le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: agua hirviendo, pero habían reaccionado en forma diferente. La zanahoria llegó al agua fuerte, dura; pero después de pasar por el agua hirviendo se había puesto débil, fácil de deshacer. El huevo había llegado al agua frágil, su cáscara fina protegía su interior líquido; pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido. Los granos de café, sin embargo eran únicos: después de estar en agua hirviendo, habían cambiado el agua. “¿Cuál eres tú, hija?Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿Cómo respondes?”, le preguntó a su hija.

 

¿Eres una zanahoria que parece fuerte pero cuando la adversidad y el dolor te tocan, te vuelves débil y pierdes tu fortaleza? ¿Eres un huevo, que comienza con un corazón maleable, poseías un espíritu fluido, pero después de una muerte, una separación, o un despido te has vuelto duro y rígido? Por fuera te ves igual, pero ¿Eres amargada y áspera, con un espíritu y un corazón endurecido? ¿O eres como un grano de café? El café cambia al agua hirviendo, el elemento que le causa dolor. Cuando el agua llega al punto de ebullición el café alcanza su mejor sabor.

 

Si eres como el grano de café, cuando las cosas se ponen peor tú reaccionas en forma positiva, sin dejarte vencer y haces que las cosas a tu alrededor mejoren, que ante la adversidad exista siempre una luz que ilumina tu camino y el de la gente que te rodea. Esparces con tu fuerza y positivismo el “dulce aroma del café”.

 

¿Y tú?, ¿Cuál de los tres eres? 
(Anónimo)


¡Os animamos a compartir vuestros comentarios, dudas y sugerencias, así como a compartir este pequeño escrito! 
Mónica Vázquez Selma