Popularmente se utiliza con frecuencia la palabra “depresión”. Podría ser la explicación que nos viene a la cabeza ante una persona que se muestra triste o presenta un estado de ánimo bajo. Pero, si bien es cierto que existe un trastorno psicológico llamado Trastorno de depresión mayor (TDM), entre otros, éste no se puede aplicar a la mínima que alguien identifica un síntoma emocional negativo.

En la vida de toda persona surgen situaciones o problemas, y éstos están naturalmente asociados con pensamientos y emociones negativas, que en ocasiones modifican el comportamiento. Aunque sorprenda a algunos, estar triste no es malo. De hecho, hay momentos en que incluso es necesario. El problema está cuando nos estancamos en esa tristeza durante demasiado tiempo, y acaba por perjudicarnos en nuestro día a día.

Existen claras diferencias entre estar triste y tener una depresión. De hecho, el primero está incluido en el segundo. El TDM es algo más complejo y grave. Se caracteriza por la presencia de síntomas afectivos como la tristeza, el decaimiento o la irritabilidad, pero también están presentes, en mayor o menor grado, síntomas de tipo cognitivo, volitivo o incluso somático.

Según el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5) existen ciertos criterios que debe cumplir una persona para poder ser diagnosticada de TDM. A continuación, se exponen dichos criterios de forma abreviada.

En primer lugar, cinco (o más) de los siguientes síntomas deben estar presentes durante el mismo período de dos semanas, y representar un cambio del funcionamiento previo. Además, al menos uno de los síntomas ha de ser (1) estado de ánimo deprimido o (2) pérdida de interés o placer.  

  1. Estado de ánimo deprimido la mayor parte del día, casi todos los días.
  2. Disminución importante del interés o el placer por todas o casi todas las actividades la mayor parte del día, casi todos los días.
  3. Pérdida importante de peso (sin hacer dieta) o aumento de peso, o disminución o aumento del apetito casi todos los días.
  4. Insomnio o hipersomnia casi todos los días.
  5. Agitación o retraso psicomotor casi todos los días.
  6. Fatiga o pérdida de energía casi todos los días.
  7. Sentimiento de inutilidad o culpabilidad excesiva o inapropiada casi todos los días.
  8. Disminución de la capacidad para pensar o concentrarse, o para tomar decisiones, casi todos los días.
  9. Pensamientos de muerte recurrentes (no sólo miedo a morir), ideas suicidas recurrentes sin un plan determinado, intento de suicidio o un plan específico para llevarlo a cabo.

En segundo lugar, los síntomas presentes deben causar malestar clínicamente significativo o deterioro en lo social, laboral u otras áreas del funcionamiento.

Por último, el episodio no se explica mejor por otro trastorno, y no debe poder atribuirse a los efectos fisiológicos de una sustancia o de otra afección médica. Además, no debe haber en la historia de la persona un episodio maníaco o hipomaníaco.

En conclusión, el TDM presenta cambios patológicos que van más allá de la tristeza, y están caracterizados por la persistencia (mínimo 2 semanas), la gravedad, la presencia de otros síntomas y el grado de deterioro funcional y social que lo acompaña.

 
Laura Lupón Lorente