Existen varias vertientes u orientaciones dentro de la psicología. Esto supone variaciones en los tipos de tratamiento que psicólogos y psicólogas ofrecen a sus pacientes. Actualmente, los tratamientos más destacados son:

 

Tratamiento cognitivo-conductual

La psicología cognitivo-conductual es una fusión entre la cognitivista y la conductista. Muy resumidamente, trata de modificar los pensamientos y comportamientos que causan el problema. Es la terapia con mejores resultados y la más aplicada por psicólogos y psicólogas a nivel mundial.

Está especialmente indicada en los trastornos de ansiedad, los trastornos del estado de ánimo, los trastornos de personalidad, las adicciones, los trastornos psicóticos y otros problemas relacionados con la salud.

 

Tratamiento dinámico/psicoanalítico

El psicoanálisis nació de la mano de Freud y se centra en la realización de una introspección por parte del paciente. La idea base es que los síntomas que experimentan algunas personas están causados por conflictos que se encuentran en el inconsciente, y estos deben reconocerse y sacarse a la luz mediante una terapia conversacional. Suelen ser tratamientos largos, en los que se da mucha importancia al origen de los conflictos de la persona.

 

Tratamientos existencial/humanista

La psicología existencial-humanista es un enfoque más filosófico que médico, ya que considera los problemas o dificultades de las personas como asuntos que emergen ante las dificultades (crisis, dilemas o paradojas) cotidianas, más que como indicadores de salud o enfermedad.

 

Tratamientos sistémicos

La psicología sistémica centra sus bases conceptuales en el sistema familiar, un organismo visto como un todo, en el que el individuo solamente es uno de sus componentes. Los síntomas son vistos como una característica del sistema y no únicamente del que los sufre. Así, su campo de aplicación más característico es el trabajo con la familia.

 

En Instituto Sitges trabajamos bajo la perspectiva de la psicología cognitivo-conductual, puesto que es la que mayor apoyo tiene en estudios científicos y la recomendada en Guías de Práctica Clínica (GPC), un “conjunto de recomendaciones basadas en una revisión sistemática de la evidencia y en la evaluación de los riesgos y beneficios de las diferentes alternativas, con el objeto de optimizar la atención sanitaria a los pacientes”. Esto no significa que no incorporemos en nuestras evaluaciones o terapias algún método o factor de otras vertientes psicológicas, que sin duda alguna aportan estrategias y modelos que pueden ser útiles en varios aspectos.

 

El objetivo primero de nuestros profesionales será el de reducir los síntomas que en el presente estén perjudicando o limitando el desarrollo de la vida de la persona, puesto que un trastorno o problema comporta unos síntomas específicos, y eliminando o neutralizando los síntomas logramos de forma más rápida una mejora en nuestros pacientes.

 

Las situaciones que pueda vivir cada persona, ya sean problemáticas o no, están fuera de nuestro control. Lo que sí podemos controlar es cómo decidimos llevar esas situaciones.

 

Como hemos comentado anteriormente, la psicología cognitivo-conductual trata de modificar pensamientos y conductas. Esto se realiza, de modo muy simplificado, mediante el siguiente esquema:

 

Ante una situación, cada individuo tiene unos pensamientos automáticos que, en algunos casos, son negativos. Cuando un individuo tiene pensamientos automáticos negativos, siente emociones negativas; y este proceso mental le lleva a actuar de una determinada forma. Las conductas que realizamos condicionan de algún modo las nuevas situaciones que van surgiendo, y así entramos en un circuito cerrado.

 

Pongamos un ejemplo sencillo para entender mejor el esquema: un joven de 25 años con baja autoestima.

 

  • La situación podría ser la siguiente: entra en un bar, y un grupo de chicas le miran, y seguidamente se miran entre ellas y se ríen mientras siguen conversando.
  • Los pensamientos automáticos que le podrían surgir: “se ríen de mí”, “me están criticando”, “se están burlando de mi camiseta porque deben pensar que es ridícula”…
  • Las emociones que podrían seguir a estos pensamientos: tristeza, vergüenza, rabia…
  • Las conductas que podría realizar: su postura corporal estaría con la cabeza y los hombros bajos, seguramente se situaría en una parte del bar que esté alejada del grupo de chicas, hablaría bajito y sin llamar la atención, se marcharía para evitar la situación…

En este ejemplo observamos que ni los pensamientos ni las conductas propuestas son adaptativos para el joven, éstas podrían modificarse mediante una terapia cognitivo-conductual.

 

  • La situación podría ser la misma: entra en un bar, y un grupo de chicas le miran, y seguidamente se miran entre ellas y se ríen mientras siguen conversando.
  • Los pensamientos podrían modificarse por otros más adaptativos, puesto que con la información que tenemos, bien podrían ser: “he ligado”, “a estas chicas les he gustado y ya están hablando de mi”, “seguro que les ha parecido graciosa mi camiseta. ¡Es que es muy chula!”…
  • Las emociones que podrían seguir a estos pensamientos serían: alegría, orgullo, satisfacción…
  • Las conductas que probablemente realizaría serían distintas también, una conducta más sociable, una actitud más decidida…

Las probabilidades de éxito del chico de 25 años aumentan en el segundo caso, en el que encontramos pensamientos y comportamientos más adaptativos, ligados a una autoestima más alta.

 

Éste es un ejemplo sencillo de un chico con baja autoestima, que nos ha servido para ilustrar cómo podría enfrentarse a una situación determinada de forma alternativa y más beneficiosa para sí. Existen infinidad de casos y muchos más factores condicionantes: complejos, barreras mentales, factores de personalidad, trastornos de diversa índole, etc. La psicología cognitivo-conductual los trata de manera práctica, proporcionando estrategias que el paciente puede aplicar desde casa.

 

La salud psicológica es muy importante para el buen desarrollo de las personas en todas las etapas de su vida. Es un bien que debería estar al alcance de todo el mundo, y es el deber de los profesionales de la salud el proporcionar un servicio de calidad que esté abalado por la comunidad científica.

 

Laura Lupón Lorente